Entre mis ojos y los suyos,

siempre hubo varias horas de vuelo;

un tiempo a menudo tan inasible,

como una distancia mal calculada.

 

Dicen que esto es lo que fui:

una pequeña diferencia horaria

en un mundo sin apenas horarios.

 

Y así pasó una vida, siempre detrás,

como una sombra, como un destino,

quizá un silencio agotado.

Sin saber cómo,  sin pronunciar palabra,

sombra de ojos ambulantes.

Pálida mudez, tenue intuición.

 

Más de veinte años sirven  para agazaparse

incluso en la esquina de un mirada,

o en una lágrima que viaja en la comisura de un labio,

como un suspiro asustado y a menudo incómodo.

 

Y entonces sobra el tiempo para buscar luz diaria

al soplar sobre una flor.

 

Aun es temprano. El cielo no anima todavía a huir.

Quédate a  mi lado.

Quédate y alcánzame la vida.

la necesito entera de ti,

sin recortes, sin plazos.

 

La mañana es reciente como un pan

y necesaria como un afirmación.

La quiero para alumbrar nuestra alcoba,

vacía de nosotros, llena de ti y de mi

y de nuestras cosas.

No te marches.

Se me acelera el paso si me miras.

La victoria que se escribe en la luz de cada mañana,

es siempre una mirada

 

Juan J. Ginés