Horas que hieren:
nada nos pertenece tanto 
como la muerte,
silencios de ceniza ocupan las horas
y los días, 
marca necesaria del devenir 
de nuestra historia.
Con engaños conseguirás 
malamente esquinarla día a día. 
Falsa creencia; 
ella te atrapa desde el principio,
desde el nacimiento, 
en cada segundo que compartes. 
Y en cada caricia, y en cada suspiro,
y en un álbum de fotos y en un vestido de diario.
Ten claro cuál es la renuncia,
porque nunca serás del todo consciente 
de sus mentiras.
Alguien dijo que la vida 
son horas que hieren, 
en espera de una que mata.
Nada nos pertenece tanto
como la muerte. 
Nada más cierto, nada más simple.

Juan J. Ginés