Aquella tarde las flores comprendieron su nombre,
entendieron que viven prisioneras de su belleza
de sus responsabilidades y de su aroma.
Así yo de tus caricias,
de las confidencias que compartimos,
de las distancias que poco a poco fuimos acortando
en el lento transcurrir de aquellos días que sonaban
como alegrías.
Nada será igual que el último segundo que compartimos,
nada igual al ultimo rayo de sol que acarició nuestros cabellos.
La vida reparte días cada mañana, días nuevos,
días sinceros.
Nunca se acaban las palabras que nos decimos
ni el aroma de las flores se termina al cortar su tallo,
permanece siempre en nosotros como un recuerdo.

Juan J. Ginés