Esta noche mientras trataba de domar

unos versos incorregibles

no he podido evitar pensar en ti,

en tu juventud,

en las deudas que contrajiste contigo mismo

y que aún sigues sin pagar.

En tu vida,

en los años que compartimos,

en los que seguimos compartiendo inevitablemente,

en los silencios sobre los que ambos intrigamos

a la luz extinta de un viejo farol.

Recuerdo con ternura cómo te empeñabas

en corregir continuamente tus poemas

no fuera a ser que alguien

con poco sentido común

y una pizca de  trasnochada intemperie

se sintiera capaz de malinterpretarte.

"Ya he imaginado lo que soy"-decías.

"Ahora solo tengo que demostrarlo.

Y así se te fue la vida,

imaginando todo, demostrando nada,

hablando sensatamente de tus influencias,

de tus poetas y novelistas,

de la importancia que en tu vida

le concedías a la poesía y al cuento,

y tal vez a la novela y al ensayo,

y quizá también, sólo como última opción al teatro,

imaginando un par de buenas criticas

y un puñado de incondicionales,

amigos la mayoría, es cierto,  pero tal vez

algún desconocido de aspecto inimaginable

que alimentara tu ego de escritor.

Ahora mientras trato de domar

unos versos incorregibles para tí,

me salta una duda,

la misma de siempre pero con un aroma distinto:

¿Qué hiciste de tu tiempo perdido?,

¿Qué de ese impulso soñado?

¿Qué de esos versos que nunca enseñaste a nadie?

Sin duda ya has descubierto que es tarde para terminar,

pero que nunca es lo suficientemente pronto

para comenzar.

Juan J. Ginés