Sólo necesité una palabra para dibujarte,

pero para colorear cada uno de los rincones

de tu piel necesité de todas las frases,

de todos los idiomas y de todas las miradas

que pude encontrar a mi alrededor,

desperdigadas

como los silencios de un teatro vacío

con las paredes pintadas con acuarelas.

 

Sólo necesité una palabra para dibujarte

y mucha luz, mucha. Toda la que llegaba

desde la ventana abierta de la casa vacía

innundando los silencios roncos de los relojes.

Esos relojes que nunca nadie consulta.

 

Y después, al pintarme a tu lado,

con la esencia de las palabras gastadas,

ví que en el estrecho espacio que quedaba

entre los dos,

no cabía más que un pequeño

nido de símbolos.

Así de juntos estábamos.

Así de juntos somos

 

Con una sola palabra encendí la habitación cerrada

y mientras se llenaba de caricias,

de miradas y de sonrisas,

descubrí el intenso poder que tienen los atardeceres

en mi vida,

en ese instante en que se ha convertido ya

todo mi tiempo.

 

Por eso, mientras me queden palabras,

mientras sea capaz de encontrar la palabra adecuada

en el justo momento en que me conduzco a tus cielos,

por el centro mismo de los silencios,

mientras sea capaz, digo,

me encontraran contigo, durmiendo en tu lecho,

desnudo de amaneceres y de promesas,

que nunca te entrego,

y al mirarnos a los ojos recién estrenados del día,

oirás mis palabras aunque no te las diga.

 

J.J