Hace mucho que hablo de ti
en sueños.
También despierto.
Recorro los rincones inaccesibles
de mi memoria
buscándote.
Apenas eras sombra en una pared,
inocencia encendida,
luz del alba jamás encontrada.
Juan J. Ginés
Dentro de muy poco, apenas unas horas, será otra vez primavera.
16 Noviembre 2009
Hace mucho que hablo de ti
en sueños.
También despierto.
Recorro los rincones inaccesibles
de mi memoria
buscándote.
Apenas eras sombra en una pared,
inocencia encendida,
luz del alba jamás encontrada.
Juan J. Ginés
5 Noviembre 2009
Y mientras,
los hombres caminan hacia sus casas
como de regreso de una batalla invisible, tal vez inexistente,
con las sospechas fundadas, los pensamientos agotados
y el corazón abatido de vivencias de imposible olvido.
Un día;
un día entero terminará de pasar sobre sus vidas
con la insolencia de un deportista acostumbrado a ganar siempre.
A lo lejos, palabras brutales y solas, casi ecos de palabras ya,
acompañarán en misteriosa huida sus propios recuerdos,
para decir entre silencios, los sueños que aún permanecen dormidos
en las copas de los árboles como pájaros en nido.
Desaparecerá la tarde sola y engullida por una noche oscura;
negro silencio que propone miradas a los ojos sensibles.
Las estrellas rasgarán sus vestidos de domingo,
y una vez más convertirán su cielo en jirones de luces sin apenas sonido.
Nadie las contemplará excepto quizá una pareja de enamorados
y algún que otro despistado astrónomo.
La noche se extenderá entonces en sombras,
aceptando con orgullo la quietud de sus planteamientos.
Y tú, sabedor de que la muerte no es más que un temor pasajero,
mantendrás con tu insomnio, un debate gris y desigual.
Siempre idéntico y siempre tan ajeno
el mundo en su deambular nos volverá un poco distintos.
Juan J. Ginés
4 Noviembre 2009
Regresas siempre
para recordarme
con tus ojos encendidos
que nunca te has ido.
Juan J. Ginés
25 Octubre 2009
Juan J. Ginés
20 Octubre 2009
¡Qué eterna es la belleza!
Pero aún más lo es
la contemplación de la belleza.
Nunca me dejó indiferente
la marca de placer indeleble
que descubrí al mirar tus ojos.
Juan J. Ginés
8 Octubre 2009
Me gustaría decir que cuando era niño
y soñaba con ser hombre de provecho
ya escribía poemas.
Algunos de ellos quedarían enterrados, por fortuna,
entre la pila de días que se acumularon,
ajenos a sus propios e irremediables destinos,
esperando, si acaso, ser moneda de algún curso legal,
o una oportunidad de ser leídos en voz alta algún día,
pero sin demasiadas esperanzas de lograrlo.
En realidad sin ninguna esperanza.
Allí nacieron sin dudar,
los poemas que ahora escribo en la insondable soledad
de este cuarto maduro en el que habito,
con un ordenador por supuesto portátil y ligero,
un jarrón de flores que olvidaron ya su aroma
y libros, claro, muchos libros con los que hacer más cómoda
una espera.
Me gustaría apuntar además que escribir poemas
fue para mi siempre encender una luz con la que iluminar
esta cueva de locos y locuras en la que instalé
hace ya muchos años todos mis silencios.
Juan J. Ginés
7 Octubre 2009
Aquella tarde las flores comprendieron su nombre,
entendieron que viven prisioneras de su belleza
de sus responsabilidades y de su aroma.
Así yo de tus caricias,
de las confidencias que compartimos,
de las distancias que poco a poco fuimos acortando
en el lento transcurrir de aquellos días que sonaban
como alegrías.
Nada será igual que el último segundo que compartimos,
nada igual al ultimo rayo de sol que acarició nuestros cabellos.
La vida reparte días cada mañana, días nuevos,
días sinceros.
Nunca se acaban las palabras que nos decimos
ni el aroma de las flores se termina al cortar su tallo,
permanece siempre en nosotros como un recuerdo.
Juan J. Ginés
6 Octubre 2009
¿Con qué oro pagaré el cielo de esta mañana luminosa?
La sonrisa de una muchacha que pasea como distraída
por una calle sombría es siempre un indicio.
La observo en silencio desde mi atalaya. Camina sola.
Tintineando ajenos, sus tacones bailan sobre la acera
soportando el peso de las distancias.
De pronto se detiene y algo parece cambiar en ella.
Así suceden las cosas. Así siempre. Sin motivo.
Mira un cuadro colgado en el cristal de una galería de arte.
Su mirada se ilumina con la luz de los colores y vuelve a sonreír.
Entonces pienso que es caprichoso el don de las caricias,
caprichoso e imprevisto. Azar y tiempo para centrar coincidencias.
Y me descubro feliz de su sonrisa.
Todo lo que veo al mirarla escondido en el envés de una hoja
es ya el oro con el que pagaré el cielo de esta mañana
luminosa y única.
Juan J. Ginés